LA MÍSTICA EN MEDIO DE LA CALLE


(Este blog lo empezó a escribir mi amigo Augusto Perez. Si es la primera vez que entras, lee la reflexión: "Yo quiero que existas"(10/04/2012)

sábado, 27 de septiembre de 2014

LIBRO: La mística de la Palabra

Tal como había anunciado, la editorial SAL TERRAE ha publicado las reflexiones que he escrito durante estos años en este blog en un libro titulado La mística de la Palabra.
Como sabéis, se trata de textos que nacen de la meditación e invitan a meditar con la Biblia, partiendo de la realidad cotidiana, con la mirada fija en lo Eterno y sin renunciar al trabajo intelectual, conscientes de la fuerza de la espiritualidad para generar pensamiento.
La escucha de la Palabra nos adentra en la mística, porque es una experiencia misteriosa que se resiste a ceñirse a nuestros referentes conocidos. Pero, a la vez, es inteligible al generar palabras capaces de llenar de significado nuestras vivencias y transformarlas en experiencia rebosante de sentido.
Tal como afirma en el prólogo el P. José Alegre, Abad del Monasterio de Poblet,  La mística de la Palabra no es una teología o una reflexión de “laboratorio”, alejada de la vida. Es un libro necesario para vivir con profundidad y sentido la anécdota de lo cotidiano al poner relieve que la reflexión asidua de la Palabra de Dios abre senderos de luz y nos da la sabiduría para ir viviendo las múltiples y variadas circunstancias de la existencia.

viernes, 20 de junio de 2014

Buenas noticias

Durante estas semanas me he dedicado a reordenar los textos del blog y corregirlos con la intención de sacarlo a la luz en forma de libro. El pasado domingo lo envié a una editorial y ya me han contestado. Han decidido publicarlo el próximo mes de octubre.
Así que, dentro de unos días, retiraré las entradas del blog porque, por motivos editoriales, no pueden coexistir con el libro.
Y en octubre aparecerán en papel las reflexiones de este blog para que lleguen todavía a más gente.

viernes, 30 de mayo de 2014

SEGUIMOS CADA DÍA EN BETANIA

“Betania estaba cerca de Jerusalén, como quince estadios” (Juan, 11,18), es decir algo más de 2 kilómetros. Muy cerca de Jerusalén, es decir, del ruido, de la gente, del quehacer cotidiano. Jesús necesita un lugar muy próximo a donde se desarrolla su vida pública pero discreto, tranquilo, en donde hablar al oído y ser escuchado con atención, sin la aglomeración constante en torno a sus apariciones públicas. ”Allí experimentaba la gratuidad. La familia de Betania le escuchaba sencillamente porque eran sus amigos. Y eso era suficiente. No había otra finalidad”, ha escrito Josep en el blog.

Por algo dice Santa Teresa: “No es otra cosa oración mental... sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama». (Vida, 8,5). Betania es el lugar de encuentro directo, amistoso, con el Señor. Betania es el lugar de oración. Eso es justamente lo que nos ha querido enseñar Josep en las reflexiones anteriores. La Palabra de Dios encarnada, para ser suficientemente escuchada, necesita su Betania, es decir, su rato diario de intimidad, de meditación pausada, lejos del ruido y del jaleo diario. En la intimidad de la propia casa o ante la presencia viva del Pan Vivo que nos espera en tantos sagrarios de tantas iglesias… Así, cada día, podemos ir a Betania, a estar un rato con el Maestro. Y una buena ayuda son estas reflexiones, producto de la oración personal, que nos quedan en el blog.

Y en las múltiples Betanias de todo el mundo está la esperanza de la Iglesia. De pequeñas comunidades, reunidas en torno al Pan y la Palabra, compartiendo la amistad con Jesús y viviendo la fraternidad cristiana surgirá ese impulso que nos lleva a proclamar a los demás: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan, 10,1). Y sentir la presencia cercana de un Dios que no es un concepto, es una persona real que actúa en nuestras vidas. Y así ser fecundos con esta fecundidad “que supone dejarse traspasar por una fuerza capaz de generar vida” tal como nos recuerda Josep.

Las reflexiones de este blog son pura teología, profunda y sólida. No hay especulación o intentos de racionalizar la fe en las páginas precedentes. Hay teología espiritual, enraizada en la Palabra revelada y en la propia vida interior. Josep escribe en este blog que la teología es “la explicación razonada y razonable de una vivencia inefable”.  Por eso se comunica con facilidad, asombra y mueve a la reflexión y a la acción, o sea, a seguir el camino que nos sugiere: buscar la intimidad con el Dios encarnado en este lugar familiar, sencillo e íntimo de Betania.

Decía Benedicto XVI: “Es probable que estemos ante una nueva etapa de la historia de la Iglesia en la que volvamos a ver una cristiandad semejante a aquel grano de mostaza que ya está surgiendo en grupos pequeños que gastan su vida en luchar intensamente contra el mal y devolver el bien al mundo” (La sal de la tierra). Hay muchos granos de mostaza en la Iglesia de hoy. Yo he conocido uno: esta pequeña Betania en torno a la experiencia espiritual de Josep. Doy gracias a Dios por el don de haberla conocido. Estoy seguro que el Señor está muy a gusto con ellos, con cada uno, con su personalidad, sus virtudes y defectos, sus avances y sus retrocesos… Como lo estaría con la primera Betania de Lázaro, Marta y María.

A través de este blog, el grano de mostaza ha ido creciendo, ha ido llegando a mucha gente, ha ido fructificando sin que muchas veces sepamos en cuantos lugares y en cuantos corazones. Los textos precedentes contribuyen a la nueva evangelización, a anunciar la novedad del amor de Dios tal como nos pide el Papa Francisco “Un anuncio renovado ofrece a los creyentes, también a los tibios o no practicantes, una nueva alegría en la fe y una fecundidad evangelizadora.” (Evangelii Gaudium, 11). ¿No hay en estas reflexiones la doctrina de siempre en un lenguaje renovado y cercano?
Textos que se dirigen a todos los lectores, a quienes buscan la confirmación de su Fe y a quienes buscan, sin saberlo, a ese Dios desconocido que San Pablo encontró en Atenas (Hch 17, 22-34) y al que Friedrich Nietzsche dedicó un poema cuando tenía 20 años:
¡Quiero conocerte, Desconocido,
tú, que ahondas en mi alma,
que surcas mi vida cual tormenta,
tú, inaprehensible, mi semejante!
Quiero conocerte, servirte quiero”.

Nietzsche, como Augusto Pérez, el atormentado buscador de inmortalidad protagonista de la unamuniana “Niebla” se asoman al abismo de la existencia humana, pero no acaban encontrando sentido. Si el hombre contemporáneo ensimismado en su yo conociera que en la intimidad de Betania está esperándole la Palabra creadora, la Palabra profética, pero, sobre todo, la Palabra encarnada, del abismo surgiría la esperanza. «Habrá hambre no de pan ni de agua, sino de oír la palabra del Señor» (Amós, 8,1). Una Palabra que alimenta la fe, “que no nos da la respuesta a nuestros interrogantes, pero nos da la confianza de que esa respuesta existe” como nos dice Josep. A esta respuesta nos ha acercado el blog. Gracias, Josep, por ser fiel al Señor y buen transmisor de su Palabra.






lunes, 28 de mayo de 2012


GRACIAS, SEÑOR, POR DARNOS A TOTI

Vivimos un mundo lleno de pequeños ídolos, de muchas cosas, en el fondo de poca importancia, que nos cautivan y seducen, desde un cantante famoso hasta el último modelo de iPad. En cambio no apreciamos las pequeñas y grandes “magnalia Dei” con que el Señor nos obsequia a largo de nuestra vida. En una de las escenas más divertidas de “Alicia en el País de las Maravillas”, la inteligente niña se asombra de las múltiples reverencias con que todo el mundo recibe a los reyes de la baraja. Y Alicia exclama. ¡Pero si no son más que unos simples naipes!

Pues sí, muchas cosas que nos rodean no son más que unos simples naipes a los que damos demasiada importancia. Y, en cambio, nos cuesta ver lo que de profundo y verdaderamente importante nos pasa en nuestra vida, quizás porque Dios se nos revela a través de pequeños acontecimientos. 

“El dios de las pequeñas cosas” (The God of Small Things, 1997) es una novela escrita en lengua inglesa por la escritora india Arundhati Ro, que cuenta las experiencias de la infancia de dos hermanos gemelos en el estado indio de Kerala, durante el año 1969. El libro es una descripción de cómo las pequeñas cosas de la vida se acumulan, se traducen al comportamiento de las personas y afectan a sus vidas. Lo más probable es que a nosotros nunca nos ocurran cosas grandes, en cambio nos ocurren cosas pequeñas a las que no podemos tratar como simples naipes de una baraja.

Una acumulación de cosas pequeñas es lo que me llevó a conocer a Toti. Y seguramente esta experiencia será la de muchos los que leen este blog. A lo largo de este años se han ido acumulando cosas pequeñas para las que quizás existan explicaciones puramente naturales, pero que a la luz de la fe en un Dios que no se desentiende de su Creación, tienen un significado más profundo. 

Los pequeños acontecimientos que me han llevado a conocer a Toti, entrar en su intimidad y escuchar su palabra son una gracia de Dios. Gracias, Señor, por darnos a Toti, porque él ha sido un acontecimiento vital, en medio de las pequeñas cosas de nuestras vidas ordinarias. Por aparecer de la forma más sencilla y ordinaria en nuestras vidas, por compartir nuestro tiempo, por escucharnos, por regalarnos su amistad y su palabra iluminadora.

Gracias, Señor por darnos a Toti. Protégelo y hazle fiel. “Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tu fortaleciste” (Salmo 79). Haz que siga dando muchos frutos, que transmita tu amor por los caminos de la tierra. Haz que siga siendo el oyente fiel de Betania, que proteja su perla, que riegue con su oración la viña que le has encomendado: “Ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que Tú hiciste vigorosa” (Salmo 79).

Tú, Señor, “que guiaste con ternura al pueblo que salvaste” (ex. 15.13), haz que siga guiando a su “pusillus grex”, a su pequeño rebaño por el camino que lleva a las fuentes de la salvación, a la Vida. Porque Tú has venido para que tengamos Vida y la tengamos en abundancia. 

A estas alturas el bloguero quiere dar paso a otras voces. Quedan muchas cosas en el tintero, pero “conviene que Él crezca y yo disminuya”. Hemos rozado las 1500 visitas en dos meses. No está mal para un blog poco conocido. Nos han visitado de muchos países, hasta de Rusia y de Qatar!. Pero el bloguero debe dar paso a más experiencias.

Primero a muchos de los que conocéis a Toti. ¿Por qué no enviáis más comentarios ?
Y también al propio Toti. Él tiene más palabras y más dotes, él tiene el don de transmitir la experiencia de Dios.

El bloguero se despide. Pero el blog no: enviad vuestros comentarios. Y pidamos a Toti que nos transmita su palabra. Estamos en Pentecostés. Aquellas gentes oyeron a Pedro cada uno en su lengua. Que buen día hoy para terminar una etapa y empezar otra.  

viernes, 11 de mayo de 2012


LA CRUZ
 
“El difunto Matías Pascal” es la obra más conocida del dramaturgo italiano Pirandello. Su argumento es bien sencillo: el triste y anodino Matías Pascal descubre un día que ha muerto una persona con su mismo nombre. Aprovecha la ocasión para darse por fenecido y empezar una nueva vida con otra personalidad. Ha muerto “un” Matías, pero empieza a vivir “otro”. Dos vidas y una misma persona.

Es la vieja tentación de la esquizofrenia espiritual. Dios nos parece maravilloso cuando las cosas nos van bien, pero las cosas cambian cuando nos van mal. Somos agradecidos, alegres y cantarines cuando Dios nos regala sus dones. ¿Y cuando vienen los sufrimientos? Entonces la larga sombra del diablo parece que nos cubre para sembrarnos de dudas, de desconfianza.

Toti me ha dicho muchas veces que el peor pecado, la peor tentación, es desconfiar de Dios. Incluso cuando las cosas vienen mal, cuando acusamos el dolor, cuando el mundo parece que se nos pone al revés… hemos de seguir confiando en el Señor. Fe es lo que pide siempre Jesús antes de hacer un milagro. ¡Hombres de poca fe! Es lo que recrimina a los apóstoles. 

La cruz, el sufrimiento forman parte de nuestra vida. Y siempre lo queremos evitar. “No, no es sufrimiento lo que cansa; es la lucha por no sufrir”, escribe Mercedes Salisachs. Toti es un hombre que también sufre, también lleva su cruz. Ha sufrido en su vida, ha padecido incomprensiones, rupturas muy dolorosas, crisis de todo tipo. Toti sufre también ahora, la cruz sigue acompañando su vida. Me ha hablado de sus luchas, de las tentaciones que aprovechan la cruz para sembrar la desconfianza, para probar la fidelidad, para dejarle algunas temporadas en una especie de “desierto” interior.

Pero el amor es más fuerte. “Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad” (2 Corintios, 12). Sí, la gracia, si somos fieles, triunfa sobre nuestra debilidad. El dolor nos hace sentirnos criaturas, hijos de un Padre al que siempre hemos de pedir auxilio. Y porque el dolor es, aunque no lo parezca, la otra cara del amor: “Quien no sabe de penas, en este valle de dolores, no sabe de cosas buenas ni ha gustado de amores, pues penas es el traje de amadores”, escribió San Juan de la Cruz.

Y como no somos como Matías Pascal, no hay dos vidas distintas. La cruz es parte de nuestro caminar espiritual. La cruz nos purifica: “crea en mí un corazón puro”, se lee en el salmo 50. A lo largo de mis encuentros, Toti me ha enseñado a crear este corazón puro, a integrar amor y dolor, alegría y tristeza. Me ha explicado sus desiertos interiores, sus tentaciones… superadas siempre por la gracia de Dios. Con gran sinceridad llegó a explicarme como, durante unas horas, llegó a experimentar un ateismo intenso, el sinsentido de un mundo sin Dios. Su sufrimiento fue indecible, no pudo resistirlo y el Señor le concedió pronto la gracia del reencuentro, más gozoso si cabe.

El mal, el dolor, el sufrimiento, la vejez, la enfermedad, la muerte… son realidades que acompañan a nuestra vida y que podemos considerarlas incompatibles con un Dios misericordioso. A veces resuena en mis oídos el reproche del médico protagonista de “La Peste”, de Camus, al aturdido jesuita ante la muerte de un niño: “¡Al menos éste era un inocente!”. Hace poco le oí a Toti una charla sobre la conversión en la que hablaba del Pecado. Así, del Pecado en mayúsculas, distinto a los pecados personales que cometemos los mortales. El Pecado como una realidad misteriosa que impregna la historia de la humanidad desde sus orígenes. El Pecado – y todos los males que le acompañan, incluida la muerte de los inocentes— nace de la incapacidad del hombre para fiarse del plan de Dios. Por la lectura teológica de los primeros capítulos del Génesis sabemos que el proyecto inicial de Dios para los hombres era el de una armonía feliz, lo que llamamos “paraíso terrenal”, pero que el propio hombre no supo acoger y optó desoladoramente por sus propios paraísos. El no a Dios continua, lo vemos cada día: cuantos y cuantos rechazos de los hombres al plan de Dios, cuantos odios dirigidos a quien es el Amor. Los cristianos sabemos que, de todas maneras, el mal no es definitivo, ha sido vencido por la Redención y la muerte de aquel niño inocente no es un sinsentido.

Toti sabe consolar, acompañar en el dolor, disimulando el propio. Explica muy bien que el dolor purifica para, al final, reencontrar la alegría: “Devuélveme la alegría de tu salvación” (salmo 50). Tras la cruz está la resurrección, la alegría. Al fin y al cabo, Él ha llevado el peso más fuerte y tampoco nos exige mucho: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”.



martes, 10 de abril de 2012

YO QUIERO QUE EXISTAS

Hace muchos años leí un breve ensayo del filósofo alemán Josep Pieper sobre la amistad. Decía que en el origen del amor de amistad está siempre la idea de ser capaz de decir: "es bueno que existas, que estés en el mundo" y, por tanto, "yo quiero que existas".
Pues bien, una de las cosas más interesantes, saludables y buenas que me han pasado en estos últimos tiempos es conocer a Toti, alegrarme de su existencia hasta el punto de convertirla en un báculo de apoyo para la mía propia.

Como muchas de las cosas más o menos sorprendentes o sobrenaturales que pasan en la vida de los hombres conocí a Toti por casualidad. Al fin y al cabo la casualidad es el anónimo de Dios.
Andaba yo ufano presidiendo un tribunal de eso que vulgarmente se llaman unas "oposiciones" y, entre los candidatos a acceder a un estatus profesional mejor y pagado por el Estado, estaba Toti. Engolfado en esta autoridad efímera que conceden los hombres por medio del Boletín Oficial del Estado, me encontraba sobre el estrado y tras la mesa en la que pomposamente se sentaba el tribunal. Toti estaba en la primera fila de una larga multitud de concursantes a percibir una nómina del Estado. Pero, por eso del anónimo de Dios, me fijé en aquel tipo, quizás por el ser joven en medio de una masa de candidatos entraditos en años.
No volví a verlo más hasta el final del proceso, hasta el día en que vino a recoger los méritos con los que optaba a su merecida promoción. Y qué méritos! No estaba mal: un buen montón de libros sugerentes, títulos académicos, un doctorado... Ganó el concurso, por supuesto. 

Aristóteles dirá que la amistad, además de algo hermoso, es lo más necesario en la vida. Afortunadamente no me faltan amigos, y a ciertas alturas de la vida, engrosar esta nómina no es ni fácil ni posible. Pero, a pesar de que mi catálogo de amigos estaba ya lleno, quiso Dios que se aumentara con la presencia de Toti.
Otra vez volvió a funcionar la casualidad.Dos años después de este primer encuentro, digamos que "administrativo",  buscaba yo unas personas para realizar un proyecto personal y profesional para el cual se me ocurrió reencontrarme con Toti. ¿Y como dar con aquel doctor de la primera fila? Tenía su nombre completo. Y estaba en la guía de teléfonos !
Por supuesto, recibir una llamada del antiguo presidente del tribunal que te ha valorado unos méritos para hablar de no se sabe muy bien qué, es un ejercicio de audacia por mi parte y otro de benevolencia por el llamado. Pero aceptó una entrevista y nos vimos en un lugar muy socorrido y vulgar. Y casi estuvimos a punto de no encontrarnos por un pequeño malentendido sobre el lugar exacto. Pero era de Dios que nos teníamos que ver de nuevo. Le expliqué mis proyectos, me escuchó entre sorprendido y desconfiado, lo cual es más que comprensible. 
Aquel proyecto mío no salió adelante. Pero fue el motivo que aunó la casualidad con otros designios más profundos, misteriosos y fructíferos. 
Pero salió otro proyecto inesperado. Toti se enroló en una asociación profesional que presido y hasta aceptó un cargo directivo, creo que muy a pesar de sus deseos iniciales. No sabrá nunca cómo se lo agradezco. A partir de este conjunto de circunstancias tuve la ocasión de conocerle de cerca, a fondo (en la medida en que a Toti se le puede conocer a fondo) para convertirse en un descubrimiento que iba a transformar mi anodina y rutinaria vida, como había transformado, luego lo supe, la de otras muchas personas. 

lunes, 9 de abril de 2012

EL FAROLERO Y EL PRINCIPITO

Una de las escenas más deliciosas del cuento de A. de Saint-Exupéry , “El Principito” es la del farolero que habita un planeta muy pequeño y se pasa todo el tiempo encendiendo y apagando el único farol. El Principito se asombra de la rutina continua de aquel pobre hombre, el cual está convencido de hacer bien su trabajo. Y, seguramente, lo hace.

Muchos hombres son hoy faroleros de un planeta (el suyo personal) de muy menguadas dimensiones. Viven en la rutina, hacen día tras día lo mismo. Y, encima, están convencidos de que están haciendo lo mejor. Están en el pequeño planeta de una vida sin casi dimensiones, pequeña, mortecina y lánguida.

El Principito del cuento trae al farolero otra dimensión. Hay planetas más grandes, en donde el trabajo rutinario puede compaginarse con tiempo para descubrir horizontes nuevos, profundidades nunca alcanzadas. El hombre de Dios, el santo o el místico, son como el Principito que se asombra del aburrimiento sin pausa del farolero. Son hombres normales y corrientes, pero que habitan un plantea mucho más grande.
Espero que Toti no se enfade si le comparo con el Principito del cuento. El encuentro con Toti fue para mí como el del farolero, símbolo de tantas personas buenas, honradas, trabajadoras, pero a las que les falta un planeta mayor. Toti asombra, seduce y rompe esquemas, con  una condición: darse cuenta que habitas en un pequeño planeta y puedes habitar otro mucho más grande. Seguramente muchos querrán seguir como el farolero, sin correr el riesgo de dejar su pequeño planeta. Otros aceptarán la invitación del Principito para abandonar su pequeño mundo y viajar hacia otro desconocido, pero apasionante.

El viaje que ofrece Toti es el de la experiencia de Dios. El simple enunciado del tema, “experiencia de Dios”, hace que muchos  contesten lo que elegantemente dijeron  los atenienses a San Pablo: “te escucharemos otro día” y sigan encendiendo y apagando su farol de cada día. Pero sí, es necesario decir a los hombres de hoy que pueden habitar otro planeta, el de la experiencia íntima, espiritual, viva y transformante de Dios.

Con Toti, el anuncio de esta experiencia se hace asequible. Mucha gente piensa que los místicos deben ser unos seres raros, que levitan, se exaltan o dicen palabras extrañas. Nada de esto: Toti es un hombre normal y corriente, con sus gustos, sus aficiones, comunes a millones de seres humanos, al que le gusta hablar de política o de cine, o de música o de tantas cosas que interesan a los hombres. Es una persona a la que le cuesta madrugar o trabajar demasiado, que se cansa, y hasta  se enfada con los problemas que surgen en la vida. No es un conservador, un conformista. Es una persona inquieta porque ya dijo San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”.

Toti es capaz de dejar el farol de cada día y ponerse en manos de Dios y decirle: “Señor, tú me sondeas y me conoces,  tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso,  te das cuenta si camino o si descanso, y todos mis pasos te son familiares” (Salmo 139). La experiencia de Dios la descubre el hombre en su intimidad, en su inconsciente, en el “sancta sanctorum” de su yo más profundo. Toti habla de su experiencia interior con naturalidad, sin rarezas, sin aspavientos. Nada parecido a un santón oriental o un cantamañanas new age. Transmite su encuentro constante con Dios como cualquier persona habla de un amigo íntimo, de una persona amada. Por eso suena a sinceridad, a verdad sentida y transmitida, a autenticidad. Por eso seduce y obliga a apagar el farol y dejarse acompañar por él hacia otro planeta.


domingo, 8 de abril de 2012

¡DIOS DEJARÁ DE SOÑARLE!

Si el lector se ha fijado en el autor del blog habrá visto el nombre de “Augusto Pérez”. Es un seudónimo, pero un seudónimo con intención. Augusto Pérez es el angustiado protagonista de la novela (o “nivola”) de Unamuno “Niebla”, quizás su obra más traducida.

Augusto Pérez es un trasunto del hombre actual, solitario buscador de un sentido a la vida, que vive cómodamente instalado entre tópicos y pequeños placeres de burgués encantado de conocerse. Hasta que Augusto descubre que es un simple personaje de ficción, que se enfrenta al autor, al propio Unamuno, cuando este decide eliminarlo. El grito de rabia y enfado del pobre Augusto que no se resigna a su fatal destino se desliza entre las páginas más logradas de la novela. Augusto se rebela contra el autor, le grita que también morirá, que también él es pura ficción y hasta “Dios dejará de soñarle”.

¿Somos un sueño de Dios? Lamentablemente Augusto muere sin darse cuenta de que no, de que somos criaturas de Dios, de un Dios que nos quiere y nos ha creado dándonos un sentido a nuestra existencia. En los primeros encuentros con Toti descubres su experiencia personal de Dios. No, no somos soñados, somos queridos. Y queridos para algo. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Cuando Toti se pone a escribir sobre espiritualidad lo primero que dice es que la estrategia de Dios es encomendarnos una misión. Dios tiene un plan. Tiene una vocación específica para cada uno de nosotros.

Cuando Toti habla de su vocación el que le oye queda seducido por sus palabras. Se lo he oído más de una vez y siempre descubro matices nuevos. Sinceramente siempre he sido remiso a creer en intervenciones sobrenaturales en la vida de las personas. Reconozco que en este punto mi fe flojea. O flojeaba hasta escuchar a Toti la narración de su experiencia “vocacional”. Fue un tarde de marzo, volviendo de un conocido santuario italiano. El ambiente no era el que uno espera para este tipo de acontecimientos: en un oratorio, en una capilla o en un lugar que invita a la contemplación. Nada de esto. Toti sintió profundamente una llamada de Dios, una experiencia espiritual que marcaría su vida, yendo en coche, con unos amigos. De pronto sintió en su interior que el Señor le pedía dedicar su vida a los demás, a decirles que Dios les amaba con el amor que él mismo había sentido profundamente aquella tarde y en toda su vida.

No voy a repetir la experiencia de Toti porque estas experiencias sólo las pueden expresar quienes las viven. Voy a explicar mi experiencia al escucharla. “Radiante e inmarcesible es la Sabiduría; fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan” (Sab.,6). Su narración transmite esta “facilidad” de la que habla la Escritura. Nada impostado, sin teatralidad ni fenómenos extraordinarios. Toti explica su experiencia con naturalidad, con tanta sinceridad que muestra la verdad de lo que le sucedió. Toti buscó la Sabiduría desde siempre, desde que tenía uso de razón. Y la Sabiduría se le fue manifestando a lo largo de su infancia, su adolescencia y juventud hasta encontrase en día con una voz interior que le marcaba el camino, tras no pocas dudas y oscuridades. 

Escuchar a Toti es darse de bruces con lo sobrenatural. Esta es mi experiencia: en este mundo en crisis hay personas que han sentido profundamente que Dios existe, que nos ama y necesitan decírselo a los muchos Augustos Pérez que llenan este mundo. También a mí. No, querido Don Miguel, no somos personajes de ficción, soñados por un Dios extraño. La angustia de la vida sólo proviene del rechazo de lo sobrenatural. El encuentro con Toti es también el encuentro con lo sobrenatural, con un Dios que se manifiesta de muchas maneras, también a través de personas a las que les ha concedido una especial cercanía. Escuchar a Toti es sentir que Dios habita en su interior y sigue gritando: ¡Dile a mi pueblo que le amo!