LA MÍSTICA EN MEDIO DE LA CALLE


(Este blog lo empezó a escribir mi amigo Augusto Perez. Si es la primera vez que entras, lee la reflexión: "Yo quiero que existas"(10/04/2012)

domingo, 8 de abril de 2012

¡DIOS DEJARÁ DE SOÑARLE!

Si el lector se ha fijado en el autor del blog habrá visto el nombre de “Augusto Pérez”. Es un seudónimo, pero un seudónimo con intención. Augusto Pérez es el angustiado protagonista de la novela (o “nivola”) de Unamuno “Niebla”, quizás su obra más traducida.

Augusto Pérez es un trasunto del hombre actual, solitario buscador de un sentido a la vida, que vive cómodamente instalado entre tópicos y pequeños placeres de burgués encantado de conocerse. Hasta que Augusto descubre que es un simple personaje de ficción, que se enfrenta al autor, al propio Unamuno, cuando este decide eliminarlo. El grito de rabia y enfado del pobre Augusto que no se resigna a su fatal destino se desliza entre las páginas más logradas de la novela. Augusto se rebela contra el autor, le grita que también morirá, que también él es pura ficción y hasta “Dios dejará de soñarle”.

¿Somos un sueño de Dios? Lamentablemente Augusto muere sin darse cuenta de que no, de que somos criaturas de Dios, de un Dios que nos quiere y nos ha creado dándonos un sentido a nuestra existencia. En los primeros encuentros con Toti descubres su experiencia personal de Dios. No, no somos soñados, somos queridos. Y queridos para algo. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Cuando Toti se pone a escribir sobre espiritualidad lo primero que dice es que la estrategia de Dios es encomendarnos una misión. Dios tiene un plan. Tiene una vocación específica para cada uno de nosotros.

Cuando Toti habla de su vocación el que le oye queda seducido por sus palabras. Se lo he oído más de una vez y siempre descubro matices nuevos. Sinceramente siempre he sido remiso a creer en intervenciones sobrenaturales en la vida de las personas. Reconozco que en este punto mi fe flojea. O flojeaba hasta escuchar a Toti la narración de su experiencia “vocacional”. Fue un tarde de marzo, volviendo de un conocido santuario italiano. El ambiente no era el que uno espera para este tipo de acontecimientos: en un oratorio, en una capilla o en un lugar que invita a la contemplación. Nada de esto. Toti sintió profundamente una llamada de Dios, una experiencia espiritual que marcaría su vida, yendo en coche, con unos amigos. De pronto sintió en su interior que el Señor le pedía dedicar su vida a los demás, a decirles que Dios les amaba con el amor que él mismo había sentido profundamente aquella tarde y en toda su vida.

No voy a repetir la experiencia de Toti porque estas experiencias sólo las pueden expresar quienes las viven. Voy a explicar mi experiencia al escucharla. “Radiante e inmarcesible es la Sabiduría; fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan” (Sab.,6). Su narración transmite esta “facilidad” de la que habla la Escritura. Nada impostado, sin teatralidad ni fenómenos extraordinarios. Toti explica su experiencia con naturalidad, con tanta sinceridad que muestra la verdad de lo que le sucedió. Toti buscó la Sabiduría desde siempre, desde que tenía uso de razón. Y la Sabiduría se le fue manifestando a lo largo de su infancia, su adolescencia y juventud hasta encontrase en día con una voz interior que le marcaba el camino, tras no pocas dudas y oscuridades. 

Escuchar a Toti es darse de bruces con lo sobrenatural. Esta es mi experiencia: en este mundo en crisis hay personas que han sentido profundamente que Dios existe, que nos ama y necesitan decírselo a los muchos Augustos Pérez que llenan este mundo. También a mí. No, querido Don Miguel, no somos personajes de ficción, soñados por un Dios extraño. La angustia de la vida sólo proviene del rechazo de lo sobrenatural. El encuentro con Toti es también el encuentro con lo sobrenatural, con un Dios que se manifiesta de muchas maneras, también a través de personas a las que les ha concedido una especial cercanía. Escuchar a Toti es sentir que Dios habita en su interior y sigue gritando: ¡Dile a mi pueblo que le amo!

2 comentarios:

  1. ¡DIOS MÍO! Es fantástico este bloc y la experiencia que cuentas en el, realmente el sentido de nuestra vida es tener una experiencia de Dios que nos arrebate y vivir consecuentemente alumbrado por esta experiencia .
    La Nueva Evangelización ( y yo apostaría que la única eficaz) es transmitir EXPERIENCIA DE DIOS, los Apostoles eran hombres normales y la mayoría incultos pero que cambiaron en menos de un siglo el perfil del Imperio Romano al transmitir la expericiencia real de su ENCUENTRO VIVO CON JESUCRISTO RESUCITADO, transformado y transformador, eran el fuego que había de venir y quemaron la tierra.
    Algunos hombres como el P. Pio fue otro apóstol actual que nunca predico en sus misas pero su sola presencia convirtió a miles, creo que ese místico del que hablas "Toti" es la respuesta de Dios a nuestras oraciones para renovar la Fé y la alegría de la Salvación en España.
    Gracias Augusto por este faro de Esperanza que es tu Bloc y por favor sigue alimentando nuestra fé y dándonos motivos para levantarnos cada mañana con tus entradas. Un abrazo y adelante ULTREYA

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  2. La luz del amor que irradias es ante todo sabiduría. La sabiduría de un pobre, cualquier pobre del mundo que se convierte en rico al experimentar que Dios le ama y le tiene en su pensamiento. ¡Dichoso aquel que experimenta su pobreza y el amor que, a pesar de ella, Alguien le tiene, con infinita ternura! No hay mayor regalo, no hay mayor milagro. Cualquier oscuridad del alma queda sepultada, mejor dicho, queda anulada ante ese Alguien que te dice “te amo” con voz de amigo, o de amiga, o de padre, o de madre, o de amado, o de amada, o de hermano, o de hermana.
    ¡Y bendito el emisario, el ángel del Señor que, como Gabriel, lleva esta Buena Nueva al pueblo que Dios ama! La Gracia está en marcha.

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